lunes, 18 de agosto de 2008

El síndrome de China

Estoy seguro de que no soy la única víctima. De unos días a la fecha sufró de una especie de depresión cabalgante. Paso malas noches, peores madrugadas y la jornada cotidiana es una cuesta arriba hasta el ocaso y de vuelta a empezar. Es la depresión olímpica. Empiezo a pagar factura por estar hasta las tantas con un ojo cerrado y el otro puesto en la China.

El bed-lag olímpico es implacable. Los síntomas son los mismos; vive uno con 12 horas de desfase y a eso hay que sumarle la montaña rusa emocional que representa creerse y descreerse todos los días las posibilidades que de medalla tienen -según los vendesueños de las televisoras- los compatriotas que llevan sobre los hombros la carga extra de décadas de vergüenzas nacionales. Y al final y al principio de todo, tratar de afrontar el día -y los problemas reales- después de masticar y masticar los porqués que expliquen nuestro perenne yameritismo, buscándole entrelíneas a la Suave Patria para ver si el vate zacatecano nos ayuda a encontrar algo mejor que las agruras del marchista de turno, que 'ora si' que se llevó la de oro en pretextos.

No hay comentarios: