miércoles, 29 de octubre de 2008
De regreso y clamando su oficio...
Como es evidente, el náufrago ha recobrado la playa. Las olas arrastran a la orilla algunas de las maravillas que guardan las profundidades, pero tambien los despojos de los incesantes desastres del día a día. Hasta el siguiente temporal.
martes, 28 de octubre de 2008
El Vecindario de la Pendejada
Como debe ser en el mundo de las mentes simples, todo lo que de algún modo funciona, o es celebrado, debe ser imitado, y repetido ad nauseum. No será ciertamente un fenómeno exclusivo, pero Mazatlán es pródigo en casos. Así, Con la endémica tendencia a competir en los terrenos del precio y no de la calidad o la imaginación los genios de la imitación han acabado con giros interesantes como los billares, los cybercafés, las pizzerías et al.
Ahora, para desgracia y eventualmente bendición de propios y extraños se nos ha venido encima la era de la ilustración en materia de onomástica, usos y costumbres y prácticas bajoventrales de las clases acomodadas pero ociosas y wannabes del puerto: El enciclopedorrismo está aquí.
Siempre ha estado ostentosamente a la vista la estulta y bien arraigada tendencia pacata y chabacana de los mexicanos, sobre todo de provincia a refocilarse en los brillos y avatares de la existencia ajena. La contemplación al detalle de las vidas aparentemente idílicas de los privilegiados por fortunas o apellidos de "valor", la exposición de todos sus sucesos abarcados entre nacimiento y muerte, el registro detallado de incidentes gineco obstétricos, celebraciones y festines, con acento obligado en toda la parafernalia estulta pero churigeresca que conlleva la preparación y consumación de El Día Más Feliz De La Propia Vida que es el del matrimonio.
Vale más no preguntarse aquí que sentido puede tener seguir con una vida cuyo día más feliz ya ha pasado, por más que le queden a uno las fotos y el video (pagado todo a precio de Hollywood), las siete licuadoras que habrá que repartir entre los parientes pobres o guardar para donar en el próximo bazar navideño, el traje o el vestido "unico en el mundo" pagado a precio de inmueble y destinado a ser pasto de las polillas.
Pero como el último recuento de imbéciles ha dado saldos más que positivos, las grandes empresas informativas de la región (hasta las fundadoras de la democracia) se han enfocado, con gran sacrificio de recursos y alarde de creatividad, a aumentar la oferta de prensa del corazón, de modo que cuando doña Relámpago Hortera de Del Valle de los Caídos, llega a los ochenta años o a los diez centímetros de estiramiento facial, podemos enterarnos, no en una, sino en tres o cuatro revistas y a cuatro tintas, de los detalles más mínimos del acontecimiento, tales como colores y tejidos de los manteles, temperatura de las bebidas, gramaje del papel de las invitaciones y por supuesto, de la composición del menú, cuya descripción resumida debe incluir, para estar IN, mínimo los términos "espejo de", "reducción de", "espuma de", aunque en la desabrida realidad hayan comido sangüichon de atún y sopa de codito o tacos de buche de con el bigotes. Se consignará también que las "viandas" fueron "rociadas" con selectos vinos, por más que las doñas se hayan bajado la comida nomás con ballenas pacífico, bigcolas de a litro o tonicoles light.
Eso por no mencionar el cuidadoso registro de la competencia transanual por organizar y convocar a lucidas fiestas infantiles con mayor presupuesto que varias escuelas locales; todo-showers desde biblícos hasta narcosatánicos donde se celebra puntualmente la hazaña imposible de parir chamacos o de dar el sí de las niñas para poder ora sí con las bendiciones legales parir más chamacos; fiestas-tema que harían palidecer al carnaval en su nivel de estulticia o actos de caridad en los que se gasta mucho más de lo que se termina por donar.
Debemos pues, a la visión profundamente humanista de los editoras locales (hasta las que ayudaron a parir la democracia) que por otra parte consideran incosteable tener sección cultural, el que el 99% de miserables que habitamos las marismas podemos conocer al detalle fino la agenda y el palpitar social de la comunidad enzapatada y enhummerada e irnos preparándonos para la vida que nos espera si seguimos empujando la carreta y llegamos a hacer fortuna o por lo menos a dar el braguetazo que nos permita pisar las calles nuevamente, del vecindario de la pendejada.
Ahora, para desgracia y eventualmente bendición de propios y extraños se nos ha venido encima la era de la ilustración en materia de onomástica, usos y costumbres y prácticas bajoventrales de las clases acomodadas pero ociosas y wannabes del puerto: El enciclopedorrismo está aquí.
Siempre ha estado ostentosamente a la vista la estulta y bien arraigada tendencia pacata y chabacana de los mexicanos, sobre todo de provincia a refocilarse en los brillos y avatares de la existencia ajena. La contemplación al detalle de las vidas aparentemente idílicas de los privilegiados por fortunas o apellidos de "valor", la exposición de todos sus sucesos abarcados entre nacimiento y muerte, el registro detallado de incidentes gineco obstétricos, celebraciones y festines, con acento obligado en toda la parafernalia estulta pero churigeresca que conlleva la preparación y consumación de El Día Más Feliz De La Propia Vida que es el del matrimonio.
Vale más no preguntarse aquí que sentido puede tener seguir con una vida cuyo día más feliz ya ha pasado, por más que le queden a uno las fotos y el video (pagado todo a precio de Hollywood), las siete licuadoras que habrá que repartir entre los parientes pobres o guardar para donar en el próximo bazar navideño, el traje o el vestido "unico en el mundo" pagado a precio de inmueble y destinado a ser pasto de las polillas.
Pero como el último recuento de imbéciles ha dado saldos más que positivos, las grandes empresas informativas de la región (hasta las fundadoras de la democracia) se han enfocado, con gran sacrificio de recursos y alarde de creatividad, a aumentar la oferta de prensa del corazón, de modo que cuando doña Relámpago Hortera de Del Valle de los Caídos, llega a los ochenta años o a los diez centímetros de estiramiento facial, podemos enterarnos, no en una, sino en tres o cuatro revistas y a cuatro tintas, de los detalles más mínimos del acontecimiento, tales como colores y tejidos de los manteles, temperatura de las bebidas, gramaje del papel de las invitaciones y por supuesto, de la composición del menú, cuya descripción resumida debe incluir, para estar IN, mínimo los términos "espejo de", "reducción de", "espuma de", aunque en la desabrida realidad hayan comido sangüichon de atún y sopa de codito o tacos de buche de con el bigotes. Se consignará también que las "viandas" fueron "rociadas" con selectos vinos, por más que las doñas se hayan bajado la comida nomás con ballenas pacífico, bigcolas de a litro o tonicoles light.
Eso por no mencionar el cuidadoso registro de la competencia transanual por organizar y convocar a lucidas fiestas infantiles con mayor presupuesto que varias escuelas locales; todo-showers desde biblícos hasta narcosatánicos donde se celebra puntualmente la hazaña imposible de parir chamacos o de dar el sí de las niñas para poder ora sí con las bendiciones legales parir más chamacos; fiestas-tema que harían palidecer al carnaval en su nivel de estulticia o actos de caridad en los que se gasta mucho más de lo que se termina por donar.
Debemos pues, a la visión profundamente humanista de los editoras locales (hasta las que ayudaron a parir la democracia) que por otra parte consideran incosteable tener sección cultural, el que el 99% de miserables que habitamos las marismas podemos conocer al detalle fino la agenda y el palpitar social de la comunidad enzapatada y enhummerada e irnos preparándonos para la vida que nos espera si seguimos empujando la carreta y llegamos a hacer fortuna o por lo menos a dar el braguetazo que nos permita pisar las calles nuevamente, del vecindario de la pendejada.
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