Una vez empinados en el tobogán del despropósito, y en ancas de la descoordinación de las fuerzas vivas de la burocracia, los ciudadanos (esa desventaja del poder) sufrimos el manoseo, la impericia y la estulticia de los "servidores públicos".
Aquí, ante el riesgo de propiciar confusiones aclaro que con "servidores públicos" me refiero a quienes sirven a los que les consiguieron el hueso, les firman los cheques o hacen la vista gorda ante sus corruptelas o ineptitud, y que por ser los unos y los otros pagados con recursos públicos caen en dicha categoría, pero no se vaya a creer -nuncamente- que porque prestan algún servicio -voluntario o involuntario- al público en general o -peor aún- al pueblo pelado.
Para documentar mi mala leche cito aquí una consigna del movimiento estudiantil del 68 dedicada al entonces ministro Luis Echeverría: "Usted no es como Morelos, siervo de la nación. Usted es gato de GDO" (Gustavo Diaz Ordaz, a la sazón presidente). Verbigracia.
Una vez aclarado el punto, procedo a narrar un par de incidentes ocurridos en pleno fin de semana de la-peste-que-nunca-llegó y que no sabríamos si atribuir a la confusión oficial, a alguna de las formas de la corrupción municipal (pleonasmo como un templo, mea culpa), o a la iniciativa personal pero viciosa de algún imbécil funcionario menor-pero-con-cartera.
Escena uno: inspectores no identificados "conminan" (amenazas de clasura por medio) a los encargados de restaurantes del centro a cerrar "inmediatamente" por órdenes "del gobierno" (así en general), pese a existir un acuerdo entre al cámara correspondiente, la secretaría de turismo y el gobierno estatal para excluir a los restaurantes de la seguidilla de cierres pendejos-pero-precautorios ACORDADOS con los empresarios correspondientes. Hago aquí uso de las mayúsculas para enfatizar que los cierres de establecimientos privados de cualquier tipo fueron conveniados de mejor o peor gana con los propietarios o líderes gremiales de los mismos, nunca ORDENADOS por el gobierno estatal, federal o municipal.
Escena dos: Inspectores municipales de mercados, pretenden que los restaurantes cierren sus puertas a las 11 pm, fundando esta pretención en un inexistente "acuerdo entre los tres niveles de gobierno"a los que por cierto y por definición no pertenecemos los ciudadanos, que strictu sensu no recibimos órdenes ni del presidente, ni del gobernador, ni del alcalde y mucho menos de sus mandaderos o firma-nóminas.
Entendido está que en el país se había implementado una ALERTA sanitaria, pero en ningún momento se DECRETO una emergencia nacional (bueno no se decretó nada, porque hasta los legisladores se tiraron a la milonga porcina-humana) y mucho menos una desaparición de garantías, por lo menos oficial, no la factual que a veces padecemos.
Y es que pese a lo que los públicos sirvientes de los correspondientes usufructuarios de los puestos y los dineros nacionales piensen o practiquen, los gobernantes de turno (siempre son de turno) no estan facultados para dar órdenes a sus gobernados, un gobernante -en cualquiera de los "tres niveles"- es básicamente un administrador, que puede, a través de mecanismos contemplados en las constituciones y reglamentos, implementar medidas, ordenanzas o reglas para regir y ordenar (llamar al órden) las actividades y relaciones de sus gobernados, pero no puede dictar órdenes, no es dictador pues, aunque aspire a serlo y tenga hartos gatos para aclamarlo a maullidos.
Claro, están la ley del garrote, las amenazas, las represalias y los abusos de poder (nunca es tan poco que no se pueda abusar de él) que son práctica común de todos los que se sirven de los puestos y los dineros públicos para beneficio propio y de los que les dieron y les mantienen la chamba.
lunes, 4 de mayo de 2009
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1 comentario:
Oye, pero que cuando las cosas se regularicen no te dé por callarte o slenciar este espacio, digno de más visitas para el disfrute y aprovechamiento de su prosa ágil et frutüosa. O, en otras palabras, güevonéele menos al blog ¿no? Salute de ya sábanas quién...
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